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Entrevista a Mar Alberruche: el arte de crear desde la intuición y el fuego

En MARCIS Cerámica, todo lo que hacemos nace del amor por la materia, la paciencia del proceso y el respeto por la tradición. Hoy quiero compartir algo muy especial con vosotros: una entrevista que me han hecho recientemente y que resume parte de mi recorrido como ceramista, desde mis inicios hasta el trabajo que hoy desarrollo en nuestros talleres.

Puedes verla aquí: Entrevista completa en YouTube

Un comienzo inesperado y una pasión que crece

Mi llegada al mundo de la cerámica fue, como cuento en la entrevista, completamente accidental. Tenía apenas 20 o 21 años cuando empecé a trabajar como ayudante en un taller de Miraflores, sin tener ninguna formación ni experiencia previa. Al principio solo amasaba barro y observaba al ceramista principal. Pero algo se despertó en mí cuando vi cómo el torno convertía un simple trozo de barro en una forma viva. Me fascinó esa sensación de estar completamente presente, de entrar en un estado de concentración pura.

En 1992 compré mi primer horno, y ahí comenzó realmente todo. Fue el inicio de un camino autodidacta, en el que he aprendido a base de ensayo y error, muchos libros, y sobre todo mucha experimentación con esmaltes, formas y temperaturas.

De lo funcional a lo artístico (y de vuelta)

Durante años, mi trabajo se movió entre la utilidad y la expresión artística. Empecé haciendo piezas funcionales, pero también me interesé por las artes aplicadas a la escultura: trabajé con piedra, hierro forjado y otros materiales que me ayudaron a expandir mi lenguaje cerámico.

Con el tiempo, el gres se convirtió en mi material favorito por su versatilidad. Me gustaba crear cuencos decorativos, algunos de ellos con reflejos metálicos de inspiración árabe. En el año 2000 descubrí el Raku, una técnica que me cautivó por su conexión con el fuego, la transformación rápida y lo imprevisible del resultado final.

Durante la pandemia, sentí una fuerte necesidad de volver a lo utilitario. Redescubrí el placer de crear piezas para el día a día: platos, tazas, cuencos… objetos que usamos al comer, al compartir, al vivir. De ahí nacieron nuevas series que aún hoy seguimos trabajando en el taller: desde piezas de gres liso y sedoso con detalles de oro en tercer fuego, hasta vajillas sin esmaltar con engobes de color sobre arcilla negra. También la serie “Tarsila”, inspirada en la pintura vibrante y femenina de Tarsila do Amaral.

Mi forma de enseñar: compartir desde la experiencia

En los talleres que imparto, intento transmitir no solo técnica, sino también una forma de ver y sentir la cerámica. Cada persona llega con un motivo distinto, pero muchas veces lo que buscan es lo mismo: parar, conectar, crear con las manos.

Ofrezco tres tipos de talleres:

  • Cursos anuales: Grupos reducidos para un aprendizaje más profundo, ideal si quieres trabajar a tu ritmo y desarrollar una práctica constante.
  • Talleres monográficos: Son sesiones únicas donde creamos objetos concretos como tazas o cuencos. Son perfectos para regalar o compartir en grupo.
  • Cursos de Raku: En dos sesiones se vive todo el proceso de creación, esmaltado y cocción al fuego. Es una experiencia muy potente, tanto a nivel artístico como emocional.

Curiosamente, la mayoría de quienes vienen a los talleres son mujeres de más de 30 años, que encuentran en la cerámica un espacio propio, creativo y transformador.

El valor de la artesanía: más necesario que nunca

En la entrevista también reflexiono sobre cómo, en los últimos años, la artesanía ha ido ganando reconocimiento. La cerámica ya no es solo funcional o decorativa; es una forma de expresión, de identidad y también de resistencia frente a la producción masiva.

A veces se confunde la artesanía con las manualidades, pero para mí la diferencia está clara: la artesanía parte de la materia prima y la transforma con conocimiento, intención y tiempo. Como decía Kandinsky, los objetos hechos a mano sanan una herida profunda del ser humano, causada por la pérdida de vínculo con lo que usamos y tocamos a diario.

Es cierto que no es fácil vivir de la artesanía. Requiere apoyo institucional, pero sobre todo requiere pasión. Y a cambio, ofrece algo impagable: la sensación de estar creando algo real, duradero, bello y útil.

Mi proceso creativo: dejar que las ideas respiren

No tengo un método cerrado ni un cuaderno de bocetos con diseños detallados. Trabajo de forma muy intuitiva. Muchas veces una idea se queda conmigo semanas, hasta que encuentra su momento. Por ejemplo, unos pendientes con forma de hoja nacieron de un paseo por el bosque, al ver cómo las hojas caídas jugaban con la luz del otoño.

A quienes queréis empezar en este mundo, os animo a tomar clases, probar sin prisa, compartir horno, y solo después —si sentís que realmente os llena— dar el salto a tener vuestro propio espacio. La cerámica es un camino largo, pero también lleno de belleza y aprendizaje.


Gracias por acompañarme en este viaje y por seguir valorando el trabajo hecho con las manos, el fuego y el corazón.

Mar Alberruche

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